
Parece que últimamente los micrófonos están jugando malas pasadas a los líderes de los partidos políticos más importantes de España:
Hace ya unos meses, los ‘micros’ de un espacio de Iñaki Gabilondo, en Cuatro, dónde se entrevistaba al actual presidente del gobierno, quedaban abiertos, dejando percibir al público unas declaraciones que apuntaban de mala manera a ZP:
“Nos conviene que haya tensión”.
Tal vez se lo pudo haber ahorrado para los camerinos o la cafetería, pero lo que es cierto e inalienable, es su derecho de comentar lo que le de la real gana, sin ánimo, por supuesto, de herir a nadie, ya sea públicamente, o en la intimidad.
Se llegó al límite de ofrecer y redactar críticas patéticas e infames, que llovían sin cesar por parte de muchos. Pero como no, el que mantuvo el episodio hasta la saciedad, fue el locutor de radio más famoso, y a la vez más repugnado por una cantidad inmoderada de gente con ideas contrarias, y no tan contrarias en ocasiones. Las demagogias eran un ‘no parar’, y cada vez más, se estaban tergiversando y alejando las, quién sabe, inocentes palabras de Zapatero de la realidad.
Algo semejante ocurría ayer en una rueda de prensa, cuando a la finalización de ésta,
el líder de la oposición, Mariano Rajoy, calificaba de ‘coñazo’ el desfile que representa desde hace muchas décadas el día de la patria española.
Me reitero en la posición de la libertad de opinión en la intimidad si se es un cargo tan importante, siempre y cuando no se quiera uno cubrir de detracciones a la par que perder seguidores. Así que en este aspecto, la balanza, queramos o no, se inclina hacia la derecha.
La diferencia entre Rajoy y Zapatero, limitándome a este aspecto, es que la hipocresía cometida por el primero es tan grande que se extiende hasta la frontera del cinismo, pasando por la mentira y la frialdad de sus actos dialécticos, ya que hace un año, animaba a los ciudadanos a celebrar y festejar de forma especial este mismo desfile, puesto que, y según él, era un día estupendo y fantástico del que todos los españoles nos deberíamos de sentir orgullosos.
Blanco y en botella, queda reflejada la deslealtad que se ha llevado a cabo. Un desliz que le está pasando una factura mediática importante, aunque no tomada desde un punto de vista del todo serio.
Aún así, y siendo completamente objetivo, ¿No sería más hipócrita seguir sonriendo ante este desfile mientras se piensa que realmente es un coñazo?
Naturalmente hay que cuestionarse algo bastante más importante, ¿Cómo se habrán tomado los que, orgullosos, marchan por su patria, siguiendo con esta tradición tan antigua y simbólica?
Seguramente habrán hecho oídos sordos ante palabras necias, pero aún así, les habrá sentado mal escuchar que su esfuerzo y empeño resulta un ‘coñazo’ para alguien tan importante y que algún día podría llegar a ser Presidente de España.
¿Debe Mariano Rajoy retractarse de una vez?
Santiago Díaz Dobarro


